La infraestructura para la gestión de residuos rara vez se analiza como un problema relacionado con el empleo. Pero debería hacerse, porque la mala gestión destruye puestos de trabajo, y la buena gestión crea empleos.
La infraestructura apoya la creación de empleo y el crecimiento económico. Los sistemas de gestión de residuos son una parte fundamental de esa base, aunque en gran parte del mundo siguen siendo deficientes. Cuando los desechos se gestionan mal, el daño se extiende mucho más allá del propio sector, y se deterioran las condiciones para que prosperen industrias de alto potencial, como el turismo y la agroindustria.
Con las inversiones, las innovaciones y los cambios normativos adecuados, el sector de gestión de residuos puede generar más y mejores empleos y, al mismo tiempo, proteger el medio ambiente y la infraestructura de la que dependen aún más los medios de subsistencia.
Los desechos mal gestionados debilitan la creación de empleo
En el nuevo informe What a Waste 3.0 (en inglés) del Grupo Banco Mundial, que se basa en datos de 217 países y 262 ciudades, se advierte que un tercio de todos los residuos sólidos municipales generados en el mundo está mal gestionado. En los países de ingreso bajo, la situación es mucho peor: solo el 3% de los desechos recibe algún tipo de tratamiento. El resto termina ensuciando las comunidades, los ríos, los campos y las costas, con efectos directos en el empleo.
La industria turística —uno de los sectores con mayor potencial para crear empleo— depende de playas y ciudades limpias. La contaminación por residuos deteriora de manera directa esa base. Los estudios muestran que la basura en las playas, por ejemplo, puede reducir el número de visitantes y los ingresos entre un 26% y un 50% en sitios muy contaminados.
La agroindustria enfrenta la misma presión. Los lixiviados de los vertederos y los residuos plásticos mal gestionados contaminan el agua y el suelo, disminuyendo el rendimiento de los cultivos y aumentando los costos para los agricultores que tienen menos recursos. Y la infraestructura también se ve afectada: los desagües obstruidos por desechos no recolectados intensifican las inundaciones, interrumpen las redes de transporte y aumentan los riesgos para la salud pública derivados de enfermedades transmitidas por el agua.
Los residuos mal gestionados también constituyen una oportunidad perdida. Los desechos son un recurso: los residuos orgánicos pueden utilizarse en las operaciones de compostaje, los reciclables pueden reincorporarse a las cadenas de suministro, y los no reciclables pueden generar energía. Cada tonelada sin procesar no es solo un pasivo ambiental, sino también uno económico, en términos de valor no realizado y empleos no creados.
Porcentaje de residuos sólidos municipales mal gestionados
por grupos de países clasificados por su nivel de ingreso
Una fuerza de trabajo informal a la espera de mejores oportunidades
Millones de personas ya trabajan en la gestión de residuos y recursos urbanos en los países de ingreso bajo y mediano. Muchos son mujeres y jóvenes que recolectan y venden materiales reciclables como principal fuente de ingresos. El 90% de ellos son parte de la fuerza laboral informal.
Los trabajadores informales gestionan entre el 10% y el 30% del total de residuos sólidos municipales, y constituyen el pilar de la gestión de residuos en algunas de las ciudades de más rápido crecimiento del mundo. Sin embargo, enfrentan graves peligros, como condiciones laborales inseguras, ingresos inestables y falta de protección social, y están sujetos al estigma social constante.
El desafío no consiste solo en crear más puestos de trabajo en el sector, sino también mejores empleos, integrando a los trabajadores informales en las cadenas de valor de los residuos y mejorando sus condiciones laborales, para ofrecerles más estabilidad, seguridad y dignidad.
El Grupo Banco Mundial está preparado para entregar apoyo
El Grupo Banco Mundial, en su calidad de principal fuente de financiamiento en el ámbito del desarrollo para la gestión de residuos sólidos, proporciona fondos para infraestructura, entrega apoyo normativo y moviliza capital privado, todo lo cual es necesario para que el sector de residuos impulse el desarrollo económico. Las inversiones recientes ilustran cómo se observa esto en la práctica:
- En la República Democrática del Congo, un nuevo programa (en inglés) financiado por el Banco Mundial apunta a establecer un sistema de gestión de residuos sólidos en Kinshasa, donde el 98% de los desechos se vierte o quema al aire libre en la actualidad. El programa tiene como objetivo, en su primera fase, crear 70.000 empleos a nivel local a lo largo de la cadena de valor de la gestión de residuos.
- En Indonesia, el Proyecto de Mejora de la Prestación de Servicios Locales (en inglés) utiliza donaciones basadas en el desempeño para incentivar reformas de las políticas de gestión de residuos y mejorar la cobertura de los servicios del sector. Al vincular el financiamiento con resultados demostrados, el proyecto respalda el cambio institucional sistémico necesario para crear un sistema de gestión de residuos funcional e interesante para la inversión que pueda atraer capital privado, ampliar la prestación de servicios y crear empleos a gran escala.
- Y en Serbia, IFC y MIGA apoyaron (en inglés) conjuntamente una alianza público-privada de conversión de residuos en energía en Belgrado para financiar una nueva planta que puede transformar hasta 340.000 toneladas de desechos en energía y suministrar electricidad a 30.000 hogares y calefacción a 60.000 personas cada año. En el marco del proyecto, se crearon 120 empleos permanentes y 600 empleos durante la construcción de la planta.
Estos proyectos resaltan un punto simple: los desechos son un problema de infraestructura, y la infraestructura permite el funcionamiento de las ciudades, las operaciones de las empresas y el aumento de los empleos. Los países que invierten ahora en la gestión de residuos están creando economías más resilientes para el futuro. Aquellos que se tarden en hacerlo heredarán un problema mucho más costoso.
Únase a la conversación