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Más allá de los dólares: Por qué el impacto y los resultados definen el valor único de la AIF

Más allá de los dólares: Por qué el impacto y los resultados definen el valor único de la AIF Aki Nishio, vicepresidente de Financiamiento para el Desarrollo, Grupo Banco Mundial

En una era definida por crisis superpuestas, que abarcan desde la recuperación de la pandemia y las conmociones climáticas hasta las presiones sobre la deuda y los conflictos derivados de la fragilidad, la comunidad mundial se pregunta a menudo: ¿Sigue funcionando el financiamiento multilateral para el desarrollo? ¿Produce resultados donde más se necesita?

Al reflexionar sobre el ciclo de financiamiento de la AIF-20 (2023-25) recién finalizado, la respuesta es un rotundo sí. Pero la prueba no está en los comunicados de prensa; está en los datos, las historias y la resiliencia sistémica generada en 78 países.

Anteriormente, en febrero, publicamos el Informe retrospectivo de la AIF-20, y las cifras cuentan una poderosa historia en cuanto a la escala de los resultados. Movilizamos US$97.400 millones —casi un 28% más que en el ciclo anterior— con una agilidad sin precedentes. Pero a medida que he viajado y he conversado con nuestros asociados, he hecho hincapié en que la AIF no es simplemente una chequera. Se trata de un instrumento de probada trayectoria, transparente e innovador financieramente, que se diseñó para abordar los desafíos más urgentes en los países de ingreso bajo a través de la generación de impacto.

Esto es lo que realmente significan los números en términos humanos y de desarrollo.

En primer lugar, la AIF produce resultados a gran escala porque responde con agilidad y de manera sostenible.

Cuando la pandemia de COVID-19 amenazó con borrar décadas de avances, la AIF actuó rápidamente para entregar asistencia de manera anticipada, lo que ayudó a los países a mantener los servicios básicos de salud y educación. Pero no nos detuvimos en la respuesta de emergencia. Como señaló Kalpana Kochhar, de la Fundación Gates, un asociado clave en nuestra labor, “la AIF ayudó a los países a pasar del modo de crisis a la creación de sistemas resilientes, fortaleciendo la atención primaria de salud, capacitando a los trabajadores de la salud comunitarios, y mejorando los laboratorios y el monitoreo de datos. Este doble enfoque —una respuesta rápida unida al fortalecimiento institucional a largo plazo— es el sello distintivo del modelo de la AIF”.

En segundo lugar, la AIF se dirige hacia donde las necesidades son mayores, en particular en los Estados frágiles y afectados por conflictos.

Durante la AIF-20, destinamos el 89% de nuestros recursos a África subsahariana y Asia meridional, donde vive el 80% de las personas en situación de pobreza del mundo. El 40% de los compromisos se asignó principalmente para apoyar a los países afectados por fragilidad, conflicto y violencia. Llegamos a casi 200 millones de personas en estos complejos entornos. No se trata solo de ayuda; se trata de estabilidad. Como hemos visto, generar esperanza económica es un requisito previo para construir la paz. Sin estabilidad, no habrá desarrollo a largo plazo.

En tercer lugar, estamos impulsando la infraestructura que sustenta las economías del futuro.

El desarrollo es imposible sin energía eléctrica y conectividad. A través de la AIF-20, ayudamos a generar energía renovable y proporcionamos conexiones eléctricas nuevas o mejoradas a casi 55 millones de personas. Además, hemos ampliado el acceso a internet para 138 millones de habitantes. Nuestros asociados del sector privado que trabajan en el Servicio de Financiamiento para el Sector Privado de la AIF, como Hans Olav Kvalvaag, director ejecutivo de Release by Scatec, destacaron que el SFSP es fundamental en este ámbito, ya que ofrece garantías para atraer capital privado hacia proyectos de energía solar y almacenamiento en baterías en los países menos desarrollados, reduciendo así la dependencia de alternativas de combustibles costosas y contaminantes.

En cuarto lugar, el “cómo” importa tanto como el “cuánto”.

Lo que más me enorgullece es el modelo de alianzas de la AIF. Como lo expresó tan claramente el ministro de Finanzas de Nigeria, Wale Edun, la relación con la AIF es “única y multifacética”. No es de arriba hacia abajo. Los países aportan sus propias ideas, sus propias prioridades. Nos aseguramos de que el financiamiento de la AIF esté en consonancia con las estrategias nacionales, sea asequible y se amplíe de manera oportuna. Este enfoque dirigido por los países garantiza la identificación, que es el único camino hacia la sostenibilidad.

De cara al futuro: El imperativo del empleo y la participación de los jóvenes

El informe retrospectivo también sirvió como un momento de aprendizaje. Generamos resultados, pero debemos evolucionar. Un tema recurrente fue la importancia central del empleo. Debemos asegurarnos de que nuestras inversiones en capital humano —salud, educación y habilidades— se traduzcan en puestos de trabajo, en particular para una población joven que está creciendo exponencialmente en los países clientes de la AIF.

Ndidi Okonkwo Nwuneli, de One Campaign, nos instó a actuar con rapidez: los jóvenes deben tener un lugar en la mesa, ya sea en el Gobierno, en las empresas o en nuestras propias operaciones. Así como el género es una perspectiva transversal, la participación de los jóvenes debe integrarse en todo lo que hagamos en la AIF-21.

Como nos recordó Mavis Owusu-Gyamfi, en una época de presiones sobre la asistencia mundial y el aumento de la deuda, la AIF representa un compromiso permanente con la colaboración multilateral. Si se implementa bien, el financiamiento para el desarrollo puede ayudar a hacer realidad nuestro futuro mundial compartido.

La AIF-20 demostró que esta institución puede actuar con agilidad, transparencia y eficiencia financiera. En este momento, cuando avanzamos hacia la AIF-22, no estamos descansando. Estamos ampliando el impacto, profundizando las alianzas y redoblando los esfuerzos en lo que más importa: crear empleos y construir economías estables, seguras y en crecimiento para los miles de millones de personas que aún nos ven como fuente de esperanza y oportunidades.

 


Akihiko Nishio

Vicepresidente de Financiamiento para el Desarrollo, Banco Mundial

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