El mantenimiento vial, la limpieza de drenajes y la reparación de baches siguen siendo ampliamente estereotipados como “trabajos para hombres”. Sin embargo, en Ecuador, las mujeres están demostrando lo contrario. En las provincias de Manabí, Tungurahua y Pichincha, las asociaciones comunitarias de mantenimiento vial están creando espacios para que las mujeres lideren cuadrillas, gestionen recursos y mantengan abiertas rutas esenciales. Lo hacen a través de un mantenimiento rutinario y preventivo que contribuye a conectar a sus familias con escuelas, servicios de salud y mercados.
Más allá de la generación de ingresos, estas asociaciones promueven la autonomía, el liderazgo y la autoconfianza de las mujeres rurales. Ellas asumen la gestión de la infraestructura local, administran recursos, dirigen equipos e influyen en decisiones comunitarias, mientras equilibran responsabilidades domésticas y trabajo agrícola.
El estudio realizado en 2025 por el consorcio Ibergeo–MCRIT–PBP–DYA, guiado por Banco Mundial y financiado por el Global Facility for Disaster Reduction and Recovery (GFDRR) encontró que las organizaciones con una fuerte participación femenina presentan mayor cohesión interna, menor rotación de personal y relaciones laborales más respetuosas, elementos clave para la sostenibilidad a largo plazo.
“Mientras ellos hablan, nosotras facturamos”, bromea una líder de Azuay, reflejando el orgullo de demostrar con resultados que las mujeres destacan en roles que antes se consideraban solamente para hombres.
Capacitación para transformar: Las mujeres operan maquinaria pesada
Las mujeres han sido históricamente excluidas de muchas oportunidades laborales. Barreras estructurales, acceso limitado a formación técnica, estereotipos de género que asocian el trabajo vial con la fuerza física, responsabilidades de cuidado y entornos laborales inseguros las han mantenido al margen.
Estos desafíos son aún más pronunciados en áreas rurales, donde muchas mujeres deseaban participar, pero no podían hacerlo porque no podían dejar a sus hijos o porque no eran tomadas en serio. Otras barreras incluían la falta de información sobre los procesos de reclutamiento, altos requisitos técnicos y largas distancias hasta los frentes de obra.
Según el Ministerio de Infraestructura y Transporte (MIT), las mujeres representan menos del 10% del personal contratado por las asociaciones de mantenimiento vial. No obstante, están surgiendo experiencias prometedoras que demuestran cómo el respaldo de políticas públicas, la organización comunitaria y el compromiso colectivo pueden impulsar cambios significativos. Técnicos de infraestructura y transporte en varias provincias del Ecuador señalan que las asociaciones con participación femenina activa tienden a mostrar mejor organización, y mayor compromiso con la calidad.
Con el apoyo del Banco Mundial, MIT y la Prefectura del Guayas, se lanzó una iniciativa para ampliar la participación femenina mediante capacitación técnica en operación de maquinaria pesada. El programa ofrece formación práctica, licenciamiento profesional y apoyo para la inserción laboral. Horarios flexibles, becas y opciones virtuales han incrementado significativamente la participación de mujeres. El objetivo es claro: dotar a las mujeres de habilidades especializadas que aumenten la productividad y mejoren los ingresos de los hogares.
¿Cómo cerrar la brecha de género en el transporte vial?
A pesar de los avances recientes, la inclusión de las mujeres en el sector transporte sigue siendo limitada y desigual, y a menudo depende de esfuerzos locales aislados. Lograr un cambio estructural requiere acción coordinada entre instituciones públicas, empresas privadas y comunidades.
El estudio de 2025 identificó tres niveles de intervención necesarios para cerrar esta brecha:
1. Institucional: políticas que garanticen igualdad de acceso. El MIT y los Gobiernos Autónomos Descentralizados pueden incorporar la equidad de género en la contratación pública mediante:
- Reconocer y premiar a las asociaciones con participación femenina significativa.
- Exigir datos desagregados por sexo.
- Establecer metas medibles de inclusión.
2. Económico y operativo: mejores condiciones de capacitación y trabajo. No basta con abrir la puerta; las mujeres deben poder permanecer en el sector. Esto requiere:
- Capacitación técnica continua y adaptada al contexto local.
- Programas de becas y mentoría.
- Protocolos de seguridad y prevención del acoso.
- Equipamiento adaptado a las características de las mujeres.
- Opciones accesibles de cuidado infantil.
3. Cultural y comunitario: transformar percepciones y crear referentes. Cambiar las normas sociales es fundamental. Campañas de comunicación, talleres comunitarios y mayor visibilidad de mujeres que ya trabajan en el sector pueden ayudar a desmontar estereotipos y ampliar aspiraciones. En comunidades donde se ve a mujeres operando maquinaria y desempeñando roles técnicos, las niñas comienzan a imaginar futuros más allá de profesiones tradicionalmente feminizadas, expresando interés en trabajar con equipos y seguir carreras técnicas.
Los beneficios del empleo femenino en el mantenimiento vial van mucho más allá de las ganancias financieras. Su participación fortalece la valoración comunitaria de la infraestructura, promueve prácticas laborales más seguras y refuerza el tejido social.
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